jueves, 7 de agosto de 2014

"Pluto" de Aristófanes, el humor y la verdad en clave musical.

El 60º Festival de Teatro Clásico de Mérida, desde el 30 de julio al 3 de agosto, puso sobre la arena de su teatro romano la obra Pluto de Aristófanes, en versión de Emilio Hernández y dirigida por Magüi Mira, contando con un elenco de lujo sabiamente elegido: Javier Gurruchaga (Pluto), Marisol Ayuso (La Dama), Marcial Álvarez (Crémilo), Jorge Roelas (Carión), Ana Labordeta (Praxágora), Juan Meseguer (Sacerdote), Sergio Otegui (Tesorero), Toni Misó (Blepsidemo) y Cayetano Fernández (Joven puto).
Sabes que cuando vives -porque el teatro es un trozo de vida- y presencias un trabajo de Magüi Mira vas a salir satisfecho del teatro. Es éxito asegurado porque así es ella. Se emplea a fondo para lograr ese triunfo, para contar la verdad de la historia y aprovechar los recursos y el potencial actoral para transmitir, pues es una puesta en escena sencilla y elegante. El mimo con el que cuida el texto y la determinación en su dirección y montaje hacen que sus trabajos tengan un sello personal, algo que te dice que aquello sólo podía salir de la mente y las manos de Magüi Mira. Permítanme la mezcla de géneros: su teatro es poesía.
¿Qué es Pluto? Es una comedia escrita por Aristófanes en el año 388 a.C. para denunciar la situación de su tiempo: la corrupción de los de arriba y la pobreza de sus contemporáneos. Pluto es también una utopía: la del reparto justo de la riqueza. Pero ¿y si ahora es el momento de que deje de serlo? O, simplemente, ¿«sueños son», como canta Pluto (Javier Gurruchaga) en un momento de la obra? Por lo menos en el teatro es posible la realización de esta utopía: «¡Repartir la riqueza!¡Erradicar la pobreza!», así comienza el coro la función.
Coro, al principio de la obra.
Fotografía de Jero Morales.
El coro es una de las cosas más bellas que tiene el teatro griego y que más suele gustar. Es maravilloso ver cómo los llevan a escena hoy, cómo los reinventan. Al ser característico de este tipo de obras jamás se puede perder, es como un personaje más que sirve de eslabón entre acciones, personajes, actos y transmite unas sentencias. Magüi Mira ha conseguido hacer que el coro cumpla mil y una funciones sobre el escenario -además de las clásicas-, para hacernos llegar unos mensajes protesta, provocadores, que remueven nuestras conciencias y emociones, haciéndonos sentir las palabras que nos conectan con nuestra realidad.
Desde el coro aparecen y desaparecen los personajes, los actores, según sus turnos de intervenciones. Es como un biombo que se va moviendo, arropando y apoyando a los personajes. La configuración es bella y se busca además el impacto con las máscaras trágicas que portan y el compás con la música, los movimientos y las luces.
No sólo el coro es característico de este teatro, también lo son sus grandes parlamentos y eso es quizás lo que temen los espectadores: que la obra pueda hacerse densa. Pero aquí el texto ha sido magistralmente adaptado por Emilio Hernández, pues las palabras fluían y nos hacían pensar que aquello que escribió Aristófanes podría haber sido escrito ayer mismo. También las letras de las canciones que interpretan los actores llevan las firmas de Emilio Hernández y además Juan Mari Montes. Los momentos musicales en absoluto directo no hubiesen sido posibles sin Marco Rasa (teclado), Mario Carrión (batería), Josele Mejía (contrabajista) y Segundo Mijares (saxofonista).
Las interpretaciones de los actores fueron brillantes. Pluto, el dios del Dinero, aparece ciego deambulando por la polis griega por un castigo de Zeus. Crémilo y Carión se topan con él, después de consultar al oráculo, y le cuentan todos los males que afectan a la población por su culpa. Pero ambos prometen devolverle la vista a un afectado Pluto -que canta «Ciego soy»- para subsanar los errores del mal reparto de la riqueza.
Carión, Pluto y Crémilo.
Fotografía de Jero Morales.
Crémilo (Marcial Álvarez) es un hombre arruinado y Carión (Jorge Roelas) es un hombre libre que decide ser esclavo para poder asegurarse un sustento, un plato de lentejas, por lo menos. En el mismo bando de los pobres encontramos al joven puto (Cayetano Fernández), el divertimento sexual de la Dama (Marisol Ayuso), de los que tienen el dinero. En el bando contrario está ella, que no quiere perder su poder, igual que el Tesorero y el Sacerdote.
Destaca, sobre todo, la interpretación de Javier Gurruchaga porque encarna a dos dioses: Pluto, un ciego dios del Dinero y la diosa Pobreza que cantaba «Sin mí no saber vivir» -porque sin pobres no hay ricos. El personaje de la Pobreza es defendido con un desparpajo e histrionismo de mala malísima muy aplaudidos y que despertó las risas de los espectadores. Gurruchaga nos ofreció las dos caras de una moneda, valga la metáfora, divirtiéndose con su actuación y haciéndonos disfrutar. La luz y el color fueron claros ingredientes de este montaje. Un buen ejemplo es el contraste entre los dioses: una luz cálida con un vestuario claro para Pluto y una luz fría, con un vestuario gris para la diosa Pobreza.
Lo que me llamó la atención es que los actores, en diferentes ocasiones, no se posicionaban en «tres cuartos» (posición que, quienes hemos hecho teatro, sabemos que es recurrente). Con frecuencia miraban y se dirigían directamente al público, rompiendo la cuarta pared. Esta es una de las diferentes formas que existen para implicar a los espectadores aún más en la función, pues nosotros éramos esa plaza llena, ese pueblo que junto a los personajes pedía el reparto justo de la riqueza, quería defender sus derechos y pedía el castigo de los corruptos.
Tanta es la implicación del público que ha perseguido (y conseguido) Magüi Mira que ante las preguntas lanzadas por Praxágora (Ana Labordeta), mujer de Crémilo, se alzaban voces en las gradas del teatro dándole una respuesta. Praxágora es, por cierto, un personaje que defiende la visibilidad de la mujer en un mundo de hombres, traído de la obra La asamblea de las mujeres también de Aristófanes.
En esta función no es verdad aquello de «la letra con sangre entra», pues la obra de Aristófanes no es una tragedia y con la música el mensaje llega mejor. La letra llega y enciende la mente del espectador, quien se identifica con los personajes, la situación y el texto. Desde el principio hasta el final comprobamos que esta obra es tremendamente similar a nuestro tiempo. El ser humano no ha cambiado.
Al parecer, Pluto es una obra que a Aristófanes no le dio tiempo finalizar pero esto no ha sido problema para este equipo. Aunque el final queda abierto, la función se cierra con un espectáculo musical grupal, con su correspondiente coreografía para poder ser bailada a compás por el público. 
«Que nadie viva de nuestro sudor». «Lentejas y libertad»
Número musical final.
Fotografía de Jero Morales.
Si Aristófanes levantara la cabeza, sin duda, habría aplaudido el montaje que ha dirigido Magüi Mira de su obra Pluto. Todo encaja, está limado, todo fluye y eso el espectador lo nota y lo agradece con aplausos y risas durante toda la función.
Era la primera vez que yo pisaba Mérida y también su Festival de Teatro. Estoy segura, después de esta experiencia, que volveré siempre que pueda. La elección de ir a ver la obra Pluto no ha sido arbitraria, que la directora fuese Magüi Mira es lo que me llevó a la ciudad emeritense.
Magüi Mira y yo después de la obra.
Ya había visto en el mes de enero en Sevilla su montaje de En el estanque dorado de Ernest Thompson y meses después la vi como actriz en La anarquista de David Mamet, pudiendo conocerla personalmente. Magüi te recibe siempre con una sonrisa y así me recibió en Mérida el pasado domingo. Es una actriz a la que admiro desde hace muchos años y he podido descubrirla como directora hace poco. Mis conocimientos de teatro me han permitido apreciar el buen hacer, la elegancia y la precisión en sus trabajos. Y, por eso, vuelvo a resaltar que los trabajos de Magüi tienen algo especial, una nota personal.


Debo hacer una reseña especial aunque sea al final de esta crítica. Hoy, día 8 de agosto, hemos conocido la noticia de que Magüi Mira ha sido galardonada con el Premio Ceres 2014 a mejor directora teatral. La crítica le ha otorgado este premio por En el estanque dorado de Ernest Thompson y Kathie y el hipopótamo de Mario Vargas Llosa, ambas obras han cosechado (y siguen cosechando) un gran éxito.

Felicidades, Magüi.
Felicidades también a Jesús Cimarro, director del Festival.
Felicidades a todo el equipo.
¡Gracias!

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